Amazonas

Bosque húmedo del Amazonas estará casi perdido en 40 años, dice informe del Pnuma

La crisis llevó al diseño de una agenda técnica regional para detener la degradación de esta zona, que es desde donde sale el 20 por ciento del agua dulce al planeta.

Si no hacemos nada ya y lo sobrevoláramos en cuatro décadas, no veríamos ese gran colchón verde que nos asombra hoy, sino islas de plantas rodeadas de caminos de tierra, carreteras o edificios. Se dañaría así el último gran aire acondicionado de la Tierra, como algunos científicos llaman a esta selva que refresca el clima.

Así lo plantea un reciente informe sobre el Amazonas (Geo-Amazonas), realizado por el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) y la Organización del Tratado de Cooperación Amazónica (Otca).

Según el estudio, la jungla tropical más extensa y valiosa del universo, compartida por ocho países (Colombia, Bolivia, Perú, Brasil, Ecuador, Guyana, Suriname y Venezuela), se degrada lentamente.

Está perdiendo biodiversidad por la deforestación crónica y el cambio climático.

En el Amazonas, que abarca 6’250.000 kilómetros cuadrados, se está talando la vegetación para construir vías y viviendas.

Entre el 2000 y el 2005, la deforestación acumulada fue de 857.666 kilómetros cuadrados. Esto es, las dos terceras partes de la superficie de Colombia y el 94 por ciento del territorio venezolano.

Perder árboles no es solo un daño ecológico o paisajístico. Esto también reduce las precipitaciones que nutren los ríos. Se calcula que los árboles del Amazonas aportan más de 8 trillones de metros cúbicos de agua a través de la evotranspiración, un proceso a través del cual el árbol pierde líquido en forma de vapor, y este a su vez forma nubes que se transforman en aguaceros, que incluso impactan sobre la región andina nacional.

Si la pérdida de bosque, que hoy llega al 17 por ciento del total de la cobertura vegetal, se acercara al 30 por ciento, la reducción de las lluvias se volvería más intensa e incrementaría las quemas dentro del bosque.

Como van las cosas, y según el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por su sigla en inglés), para el 2050 el bosque húmedo amazónico podría estar deforestado en un 55 por ciento, y sería una sabana antes de que concluya el siglo.

Por eso, esta organización internacional y Redparques, que agrupa a instituciones que manejan áreas protegidas en 19 países de América latina, se han unido para frenar la degradación.

Hoy la Amazonia, en lugar de reducir el calentamiento global, está emitiendo gases de efecto invernadero. Tras la destrucción de plantas ha crecido exponencialmente la población. En la Amazonia brasileña, en 30 años (1975-2005), la red vial se multiplicó por 10, lo que estimuló los asentamientos humanos.

En Colombia, en un periodo similar, la población creció en casi un millón y hoy supera los 2 millones 300 mil habitantes. En toda la selva, incluyendo sus zonas de amortiguación, viven 33,5 millones de personas.

Ximena Barrera, jefe de política del WWF, explicó que el trabajo del Fondo y Redparques, una organzación que en este momento es liderada por Parques Nacionales de Colombia, busca crear una agena técnica regional, que una los esfuerzos de conservación de los 8 países que tienen terrenos sobre la amazonía, para trabajar en pro de la conservación de la selva.

“La idea es redactar un solo documento y exponerlo ante el Convenio Internacional de Diversidad Biológica (COP-10) que se va a organizar en Japón en octubre del 2010, para que sea asumido políticamente por cada uno de los países involucrados con la conservación de la selva, y comencemos a ponerles fin a los daños ambientales”, explicó Barrera.

Esta idea también está apoyada por la Unión Internacional para la Naturaleza (UICN), The Nature Conservancy (TNC) y por la Otca, entre otras instituciones.

La crisis en cifras

La llegada del hombre a la selva también ha traído costos a la biodiversidad amazónica. En 2007 se reportaron en total 26 especies extintas y 664 especies en peligro crítico.

El colombiano Francisco Ruiz, ex secretario general de la Otca, explicó que además de la deforestación, la Amazonia resiste otras tres presiones: las quemas, la minería, y en el caso colombiano, los cultivos de coca. “Generalmente los campesinos usan fuego para limpiar pastos o para derrumbar árboles, pero muchas veces este se sale de control y arrasa la flora nativa”, explicó Ruiz.

En los territorios de Brasil y Bolivia se producen el 99 por ciento de las quemas.

En Ecuador y otros países es normal que se explore petróleo dentro de la Amazonia. Y las concesiones para extraer madera, que también causan degradación, son muy comunes en Perú, Bolivia, Guyana, y también en Colombia.

El total de terrenos explotados a través de concesiones suman algo más de 24 mil hectáreas.

Cálculos de Pánel Intergubernamental sobre Cambio Climático (Ipcc), de la ONU, indican que hasta mediados de este siglo el aumento de la temperatura y la reducción de agua en el suelo producirán una sustitución gradual del bosque tropical por sabana dentro del territorio amazónico.

El cambio climático ha afectado el régimen de lluvias en la selva y los periodos de sequía, lo que ha producido una multiplicación de los incendios.

Y de paso, estos incendios han incrementado la cantidad de gases contaminantes emitidos a la atmósfera; todo un círculo vicioso. A ellos se suma la liberación de carbono como consecuencia de la tala del bosque.

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